quinta-feira, 7 de janeiro de 2010

El precioso contador de historias

Por Naara Rudá

"Yo puedo contar a la generación más nueva la historia horrible de las bombas atómicas aun después de morirme" - Tsutomu Yamaguchi, al periódico japones "Manichi", el año pasado

"Perdimos un precioso contador de historias" él último lunes. Así lo definió el alcalde de Nagasaki (Japón). Más que contador de historias, Tsutomu Yamaguchi era un contador de la Historia, con mayúsculas.
Arrebatado por un cáncer de intestino, ese japonés de 93 años vivió en la piel lo que los expertos escriben en los libros.

El día 6 de agosto de 1945, Yamaguchi salió de la ciudad donde vivía, Nagasaki, para un viaje de negocios a Hiroshima. Cuándo llegó, vio un avión en los cielos. En épocas de guerra, eso no era raro, pero tampoco una buena imagen. Del avión salió una bomba.
La bomba cayó silenciosa y, mientras temblaba en el aire, jugaba con la vida de millares de personas. Boooooom. El ruido jamás saldría de los oídos de Yamaguchi.

La bomba cayó y formó una seta gigante, que destruyó la ciudad. Millares de japoneses murieron (al rededor de 140 mil). Yamaguchi sufrió quemaduras graves en la parte superior de su cuerpo (lo relata la agencia AP en su página virtual) y tuvo que pasar toda la noche en Hiroshima, bajo cuidados médicos.

Al día siguiente, volvió a Nagasaki.

Tres días después, como un "dejà vu", vio la escena repetirse. Otra vez la bomba, otra vez la seta gigante, otra vez los muertos, otra vez las quemaduras. Y otra vez salió vivo.

La exposición de Yamaguchi a una radiación dupla está registrada oficialmente por el gobierno. "Yo puedo contar a la generación más nueva la historia horrible de las bombas atómicas aun después de morirme", dijo a un periódico japonés.

Dio entrevistas, escribió libros y músicas, habló para la ONU. Todo con una única intención: evitar que el horror se repitiera, en ningún tiempo, en ninguna parte del mundo.

Pero las cicatrizes del ataque atómico nunca saldrían de su mente y de su cuerpo. Los problemas hepáticos y el cáncer son comunes a las personas que se exponen a la radiación y con Yamaguchi no fue distinto.

Sí, el mundo perdió un "precioso contador de historias". Tan precioso que logró eternizar su historia antes de irse.

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