terça-feira, 16 de fevereiro de 2010

La face oculta del Carnaval

Naara Rudá

En el Sambódromo, los ojos del público ven las mujeres desnudas, las fantasías brillantes, el samba en los pies de la gente. Son pocos los que ponen atención al enredo, menos aún al trabajo de un año que los componentes de las escuelas hacen para dar vida a la fiesta.
Carnaval es sudor, es fe, es sueño y es llanto. Hoy, el día del resultado de los desfiles en São Paulo, todo el esfuerzo explotó en las "canchas" (locales de ensayo) de las escuelas.

Los integrantes de "Mocidade Alegre" no sacaron sus ojos de la pantalla durante la divulgación de las notas. Los músicos de la batería lloraron de felicidad cuando vieron sus cinco 10 (la nota máxima). Y no era para menos. Todos los días que entrenaron en los últimos 12 meses estaban finalmente recompensados.

La gente, ansiosa, mordía las uñas. A cada nota 10, todos gritaban, pitaban y tiraban sus abanicos de papel al aire. En la última ronda, el ítem analizado era el más importante para el desempate: la "comisión de frente". Son los bailarines que inician el desfile, presentando la escuela para el público. Un 9,75 hizo la cancha de Mocidade temblar. Pero no pasaba nada, Rosas de Ouro (escuela que iba empatada con Mocidade en primero lugar) también tenia uno.

Última nota del último ítem. Sólo un 10 haría Mocidade ganar. Y ocurrió lo peor. El grito de "Campeón" se quedó dentro del pecho de los hinchas de Mocidade. Y no saldrá, hasta el año que viene.
El llanto fue generalizado. Hasta que, como en una fábula, el cantante de la escuela empezó a aplaudir. Fue seguido por todos que, llorando, se felicitaban con la seguridad de haber hecho lo mejor que podían.

Lloró la "baiana" de 60 años que desfiló para alegrar a su amiga enferma. Lloró la jefe de ala que dejó día tras día su novio sin compañía para ir a la escuela. Lloró la pasista (mujer que samba muy bien y con poca ropa) sosteniendo la bandera de la escuela. Lloró la comunidad en la cancha. "Ahora es pensar en el próximo año y mejorar más y más. Pero lo que vale en realidad es la seguridad del deber cumplido. Y esta comunidad maravillosa que nos sigue siempre", afirmó la presidenta de la escuela, Solange Cruz Bichara Rezende.

domingo, 14 de fevereiro de 2010

¿Quién enseña a los que enseñan?

En estos días en los que los crucifijos y su presencia en las aulas protagonizan vacuos debates sobre su pertinencia en ellas, me llega una noticia de un colegio malagueño. Al parecer, el claustro de profesores ha prohibido que sus alumnos puedan comprar 'snacks' en el interior del centro, como venían haciendo a diario desde sabe Dios cuánto tiempo.

Son dos temas que, pese a su diferencia, no dejan de parecerme similares. Al fin y al cabo, quitar un crucifijo de un aula podrá dejar de molestar a alguien, pero no hará que cada uno profese la religión que prefiere. Digo yo, si los muchachos no pueden comprar 'snacks' -o guarrerías, como siempre se han llamado en Málaga- dentro del centro, lo comprarán en el preceptivo kiosco que hay en la puerta, como en todo colegio, y se lo comerán en el recreo, en los intercambios o cuando les venga en gana.

Además, se me plantea un debate 'politológico' sobre la libertad del individuo. Quizá algo demasiado profundo para un paquete de patatas y niños de 12 años; sin embargo, no deja de asustarme. ¿Qué sentido tiene prohibir a los chavales? ¿Está bien prohibir por prohibir? Es decir, si un padre quiere dejar libertad a su hijo para comer lo que le apetezca, ¿por qué el claustro de profesores ha de prohibirlo? De este modo estamos entrando en la esfera estrictamente privada de la educación que concierne, en mi opinión, exclusivamente a la familia.

Esto es como lo de los crucifijos. Dice el refrán que los ríos grandes no hacen ruido, pero los pequeños no dejan de hablar... Claro, la minoría agitada hace mucho más que una mayoría silenciosa. No hay peor manera de enseñar que la autoridad por la autoridad sin sentido. Está claro que es necesario un mínimo de superioridad del profesor sobre el alumno, pero no en temas banales y estúpidos como la comida en el 'segmento de ocio' -antes llamado recreo-.

En definitiva, está muy bien, y es necesario, que el profesorado mantenga una distancia con los alumnos, pero la autoridad no se consigue con prohibiciones de segunda, sino con el comportamiento en el aula, como muchos de mis profesores se ganaron mi respeto a lo largo de mis años de colegio. Una anécdota en el mundo escolar malagueño que para casi todo el mundo pasa inadvertida, pero yo me pregunto... ¿y quién educa a los que educan?

segunda-feira, 1 de fevereiro de 2010

Las maestras del secuestro internacional

Por Naara Rudá

Brasileña, joven, pobre. Desilusionada con la vida en el país, parte para una aventura en otra parte del mundo. Estados Unidos, Holanda, Suiza, Bélgica. No importa el destino, importan las oportunidades.
Pero puede que, además de la nueva vida, ella encuentre el príncipe azul. Golpista o enamorada, ella se casa. Tiene hijos. Pero, al sonido de la campana, vuelve a ser cenicienta. El sueño, se vuelve una pesadilla.
Desacostumbrada con el país y la gente, quiere volver a Brasil. A el marido no le gusta la idea, él se vuelve loco. Y violento. Ella huye y vuelve a la realidad, en Brasil. Trae con ella su(s) hijo(s). Se convierte, de protagonista de un cuento de hadas, en una maestra del secuestro internacional.


El caso Sean Goldman puso la luz en eses casos no resueltos, pero sólo por qué casi generó un conflicto diplomático entre Brasil y Estados Unidos. La madre, Bruna, huyó de EE.UU. en 2004.

Desde entonces, el padre estadounidense, David, intentaba recuperar a su hijo. Pero ella se murió el año pasado. Su nuevo marido, brasileño, y los abuelos brasileños querrían quedarse con el chico. El padre estadounidense también. El caso fue hasta la más alta corte brasileña y, presionada por 'foreing affairs', se decidió por el padre, poco antes de Navidad.

El caso se acabó, el tema desapareció. Sin embargo, según la página virtual "R7", más de 40 niños esperan la decisión judicial para casos semejantes. En los últimos seis años, 22 niños salieron de Brasil y fueron repatriados.

El balance final es de 62 historias sin buenos ni malos, pero con un pequeñito que sufre las consecuencias de la villana (falta de) justicia, que no actúa cuando debe y guarda la venda en el bolsillo, manteniendo los ojos siempre abiertos.