En el Sambódromo, los ojos del público ven las mujeres desnudas, las fantasías brillantes, el samba en los pies de la gente. Son pocos los que ponen atención al enredo, menos aún al trabajo de un año que los componentes de las escuelas hacen para dar vida a la fiesta.
Carnaval es sudor, es fe, es sueño y es llanto. Hoy, el día del resultado de los desfiles en São Paulo, todo el esfuerzo explotó en las "canchas" (locales de ensayo) de las escuelas.
La gente, ansiosa, mordía las uñas. A cada nota 10, todos gritaban, pitaban y tiraban sus abanicos de papel al aire. En la última ronda, el ítem analizado era el más importante para el desempate: la "comisión de frente". Son los bailarines que inician el desfile, presentando la escuela para el público. Un 9,75 hizo la cancha de Mocidade temblar. Pero no pasaba nada, Rosas de Ouro (escuela que iba empatada con Mocidade en primero lugar) también tenia uno.

Última nota del último ítem. Sólo un 10 haría Mocidade ganar. Y ocurrió lo peor. El grito de "Campeón" se quedó dentro del pecho de los hinchas de Mocidade. Y no saldrá, hasta el año que viene.
El llanto fue generalizado. Hasta que, como en una fábula, el cantante de la escuela empezó a aplaudir. Fue seguido por todos que, llorando, se felicitaban con la seguridad de haber hecho lo mejor que podían.
Lloró la "baiana" de 60 años que desfiló para alegrar a su amiga enferma. Lloró la jefe de ala que dejó día tras día su novio sin compañía para ir a la escuela. Lloró la pasista (mujer que samba muy bien y con poca ropa) sosteniendo la bandera de la escuela. Lloró la comunidad en la cancha. "Ahora es pensar en el próximo año y mejorar más y más. Pero lo que vale en realidad es la seguridad del deber cumplido. Y esta comunidad maravillosa que nos sigue siempre", afirmó la presidenta de la escuela, Solange Cruz Bichara Rezende.
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