Por Naara Rudá
Brasileña, joven, pobre. Desilusionada con la vida en el país, parte para una aventura en otra parte del mundo. Estados Unidos, Holanda, Suiza, Bélgica. No importa el destino, importan las oportunidades.
Pero puede que, además de la nueva vida, ella encuentre el príncipe azul. Golpista o enamorada, ella se casa. Tiene hijos. Pero, al sonido de la campana, vuelve a ser cenicienta. El sueño, se vuelve una pesadilla.
Desacostumbrada con el país y la gente, quiere volver a Brasil. A el marido no le gusta la idea, él se vuelve loco. Y violento. Ella huye y vuelve a la realidad, en Brasil. Trae con ella su(s) hijo(s). Se convierte, de protagonista de un cuento de hadas, en una maestra del secuestro internacional.
El caso Sean Goldman puso la luz en eses casos no resueltos, pero sólo por qué casi generó un conflicto diplomático entre Brasil y Estados Unidos. La madre, Bruna, huyó de EE.UU. en 2004.
Desde entonces, el padre estadounidense, David, intentaba recuperar a su hijo. Pero ella se murió el año pasado. Su nuevo marido, brasileño, y los abuelos brasileños querrían quedarse con el chico. El padre estadounidense también. El caso fue hasta la más alta corte brasileña y, presionada por 'foreing affairs', se decidió por el padre, poco antes de Navidad.
El caso se acabó, el tema desapareció. Sin embargo, según la página virtual "R7", más de 40 niños esperan la decisión judicial para casos semejantes. En los últimos seis años, 22 niños salieron de Brasil y fueron repatriados.
El balance final es de 62 historias sin buenos ni malos, pero con un pequeñito que sufre las consecuencias de la villana (falta de) justicia, que no actúa cuando debe y guarda la venda en el bolsillo, manteniendo los ojos siempre abiertos.
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